Este niño le explica al Juez su relación con el maestro


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Esta es la historia de Javier Castellano, un hombre que aparentemente había vivido una vida de ensueño dentro de su pequeño pueblo en Argentina conocido como Córdoba. Entre las cosas que hacía que los demás lo envidiaran era que tenía un empleo genial, ganaba una gran cantidad de dinero y podía viajar a donde más quisiera. Hasta que un día se dio cuenta que necesitaba algo totalmente diferente.

A la edad de 34 años Javier agarró sus pertenecías más indispensables y las puso dentro de las maletas, después de eso se dirigió hasta lo más profundo del campo en Argentina y puso a su nombre 11 hectáreas que lo enamoraron a penas las vio. Fue ahí donde empezó a vacacionar con su familia todas las vacaciones, para tomarse un tiempo en paz, al aire libre y lejos del caos de la ciudad.

El pueblo en el que la familia Castellano disfrutaba de unas merecidas vacaciones se llama Los Algarrobos y está tan lejos de la civilización que solo cuenta con 50 habitantes. Aunque parecía que nada emocionante podía suceder en un lugar como ese, la verdad es que Javier sentía que algo especial lo estaba esperando, el presentimiento de que sucedería algo lo movía por dentro.

Para pasar el tiempo y colaborar con la comunidad Javier Castellano empezó a dar clases como profesor de computación, y fue allí donde su vida dio un giro de 360 grados. Entre los alumnos se encontraba un pequeño niño de cinco años llamado Gabriel, que a pesar de tener un rostro y una actitud muy alegre, la verdad es que ocultaba una vida realmente dura y llena de tragedias.


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Este niño les dice a todos por qué se la pasaba tanto con su profesor

La triste historia de Gabriel empezó desde el día en que nació, ya que sus padres lo dejaron al nacer bajo los cuidados de su abuela, la señora Adela, quien vivía en una pequeña choza en el suelo que no tenía ni luz ni agua potable.

Con apenas 20 días de nacido, Gabriel tuvo que afrontar una pésima calidad de vida, y lo peor es que no tenía opción, ya que su padre ganaba muy poco y lo que tenía lo gastaba en las medicina de su madre que padecía una extraña enfermedad mental.

Las buenas noticias para el niño comenzaron el día en que conoció a su profesor de computación, Javier. Desde que se vieron hubo una extraña conexión entre ellos y, cuando menos se lo imaginaban, estos niños estuvieron conviviendo juntos como familia.

La situación se volvió más personal cuando la pobre abuela de Gabriel enfermó y tenían que estar constantemente llevándola al médico, los Castellano no tuvieron ningún problema en hacerse cargo de los costos, y además eran los responsables por el pequeño ya que no tenía a más nadie en el mundo.

Al  poco tiempo que la abuela muere los comités empiezan a decidir cuál será el futuro del niño, pero Javier no deja que se lo llevan y lo recibe en su casa y firman los papeles para que sea su hijo legalmente.


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