No más disfraces: la etapa más plena de tu vida


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Cuando somos adolescentes sentimos que tenemos el mundo a nuestros pies y que no hay nada más importante que saber mantener las apariencias: esto significa que como adolescentes buscamos siempre y queremos impresionar a las personas que nos rodean y a nuestros amigos.

Pero llega un momento cuando el que necesita estar más impresionado somos nosotros mismos: sentimos que ya no hay ninguna razón para demostrar al mundo quiénes somos o qué hacemos. Es la época cuando nos damos cuenta que las apariencias no son tan importantes como pensábamos.

De la misma manera es como nosotros muchas veces tendemos a hacer cosas que no nos gustan, pero que terminamos haciéndolas para complacer a los demás. Muchos también tienen trabajos que detestan, pero que lo necesitan para conseguir el dinero que necesitan.

De la misma manera hay personas que por algún extraño motivo queremos impresionar, pero no sabemos por qué, y es el momento de preguntarnos entonces si es realmente importante la aprobación o no de esa persona que ni siquiera toleramos en nuestra vida.


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Las enseñanzas de la vida

Lo cierto es que no hay mejor maestro que la vida misma. A través de cada una de las experiencias nos damos cuenta quiénes son las personas que valen la pena y quiénes no. A medida que pasa el tiempo vamos creciendo.

Y es a partir de ese crecimiento que nos podemos formar una idea de que lo que realmente importa es lo que nosotros queramos para nuestra vida. Ya no valen segundas opiniones, solo importa la nuestra.

En este punto en el que nos damos cuenta que no tiene sentido la opinión que los demás tengan sobre nosotros. Y por lo tanto tampoco tiene sentido querer impresionar a otras personas que no sean nosotros mismos.

Nada ni nadie merece ser impresionados por nosotros. Querer impresionar a otros es tratar de llevar un antifaz en la vida: con esto destruimos aquello que realmente somos pero que nadie puede notar porque llevamos el antifaz puesto.

Cuando nos decidimos a quitarnos este antifaz de nuestro rostro, es cuando empezamos a vivir plenamente y a velar por lo que realmente importa: nosotros mismos. Cuando decidimos que queremos ser los que nos impresionemos de nosotros, estamos dejando la puerta abierta para que la felicidad entre en nuestra vida.

No escondas tu verdadera forma de ser por querer complacer a los demás, y por querer demostrar algo que no eres. Demuestra quién eres para que las personas que se acerquen a ti sean personas que de verdad les importes.

Y tú… ¿estás dispuesto a quitarte el antifaz?


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